El sufrimiento – Domingo de Ramos

Juan Carlos Rivera Zelaya

4 de abril de 2020

Iniciamos la Semana Santa. Hoy es Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, un día muy especial pues prepara de dos formas litúrgicas la celebración del Triduo Pascual (jueves, viernes y sábado santo). La primera forma es la Procesión del Domingo de Ramos que se remonta a una celebración iniciada en el siglo IV en Jerusalén y la otra forma es la lectura de la Pasión que se hace en la Eucaristía, que se inició a leer en el siglo V en Roma. Ambas formas se encuentran actualmente unidas en una sola liturgia. Por esa razón, en la celebración de este día encontraremos dos evangelios. Nos referiremos en esta reflexión únicamente al evangelio de la Pasión.

El contexto social, político, económico y sobre todo sanitario de esta celebración dominical se nos hace todavía más difícil pero enriquecedor para la reflexión. El coronavirus ya ha cobrado la vida de cientos de personas y son varios los infectados y afectados por la pandemia. A la fecha, países como Ecuador están pasando duros momentos. Desde la cuarentena, nos unimos todos a la meditación, oración y celebración de la Semana más importante del año.

El tema de las lecturas de este domingo es el dolor, pero lo reflexionaremos en clave de la intervención divina, en clave de alianza entre Dios y el hombre. Un sufrimiento que atraviesa Dios y que nos enseña a llevar e imitar en nuestra propia vida. Es un sufrimiento y dolor que se vuelve redentor, liberador y sanador.

1. El siervo del Señor

Los expertos en Biblia explican que el libro de Isaías, del cual está tomada la primera lectura, puede dividirse en tres autores y tres etapas distintas. El capítulo 50 del libro de Isaías corresponde al segundo Isaías o deuteroisaías. En este segundo Isaías hay cuatro cánticos del Siervo del Señor, hoy leemos el tercero. Estos cánticos hablan de un personaje mesiánico que va a sufrir por salvar a su pueblo.

Los primeros cristianos al leer e interpretar el Antiguo Testamento a la luz del acontecimiento de Cristo, fijaron su atención sobre las profecías de Isaías y específicamente estos cánticos, que concordaban con la experiencia de la pasión de Jesucristo. Este tercer cántico tiene la intención de mostrarnos la fortaleza ante el sufrimiento de este Siervo de Yahvé. Con un espíritu valiente reconoce su misión y enfrenta el dolor, no huye de él, puesto que es Dios su fortaleza: «El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes».

2. Cristo es el Siervo de Yahvé

La segunda lectura es un himno litúrgico muy famoso, que en la liturgia cristiana primitiva fue muy utilizado y fue recogido por San Pablo en la carta a los Filipenses. Este himno tiene dos partes muy importantes: una en la que nos explica el movimiento de la encarnación, del abajamiento de Dios; y el otro, que nos explica el movimiento de la ascensión, de la exaltación de Cristo. Aunque el segundo está muy marcado, prestemos atención en este momento sobre el primero: el del abajamiento.

En el acontecimiento de Cristo: en todo su misterio, se nos muestra y revela a un Dios cercano, comprensivo, tierno. El Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, siendo Dios verdadero se ha vuelto un hombre verdadero, pero no un súperhombre o superhéroe mágico que no padeció, no se alteró, no se mutó ante la realidad humana. ¡Jesús no es un superhéroe barato de revistas o películas! Fue realmente un hombre, en toda la expresión de la palabra.

Jesús sintió, lloró, padeció, sufrió. Su encarnación, pero sobre todo el misterio de su cruz, nos muestra que el amor de Dios llega hasta el extremo, hasta el hecho de dar su propia vida, humillando su condición divina, asumiendo una condición humana. El dolor humano no es ajeno a Dios. Él mismo siendo eterno, se hizo tiempo; siendo impasible, se hizo dolor; siendo perfecto, se hizo imperfección; siendo santo, se hizo pecado. Y todo esto por amor. ¿Por qué hay dolor, guerras, muerte, pandemias? ¿Por qué Dios no lo quita? Reflexiona: ¿Le has preguntado eso a Cristo, que siendo Dios también sufrió?

3. La pasión de Cristo, un ejemplo

¿Es la pasión de Cristo un ejemplo? ¿Es que a caso Dios es masoquista, que quiso morir por placer? ¡No! La escena que leemos hoy muestra que la humanidad de Cristo quiso huir del sufrimiento:

«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad»

El sufrimiento no es una realidad que quiera Dios, ni la quiere el hombre. A nadie le gusta el sufrimiento, la enfermedad, la guerra, la muerte, incluso el mismo pecado, ni lógicamente la cruz. Pero el sufrimiento es una realidad, que está ahí: y que no es causada por Dios. Es el hombre con su pecado el causante del sufrimiento: aún del sufrimiento moral, del físico y del espiritual. La libertad con la que fue creado el hombre es la clave para entender este mal.

Ciertamente es el hombre el que decide el sufrimiento y es el hombre quien sufre por las consecuencias de su pecado. Pero, ¿por qué sufren los justos, aquellos que no han hecho nada?  En el relato de la Pasión nos encontramos la verdad sobre esta realidad. El sufrimiento es causa de personas que buscan solo su interés, su poder, su placer, su dinero, su fama, su puesto de trabajo, etc. No les importa el dolor de los demás. Jesús siendo Dios, sin pecado, sin una razón, con todo el poder; también es presa del dolor a causa del pecado de otros. Un refrán tan sencillo, pero que explica el sufrimiento del justo es: “por uno la pagan todos”.

Pero por uno también, así como por Adán vino la muerte, por uno vendrá la salvación. El sufrimiento de Cristo cobra un sentido redentor. Su divinidad le recuerda que la voluntad del Padre es la salvación y por eso se entrega como siervo sufriente a padecer en la cruz. Como manso cordero se dirige al sacrificio, confiando en Dios pero a la vez teniendo miedo, y asocia su dolor al dolor de tantos justos e inocentes, de tantos enfermos y perseguidos, de tantos que lloran por el dolor causado por otros. Ese dolor cobra un significado redentor y se vuelve expiatorio.

¿Por qué? Repetimos. ¿Por qué este dolor, este sufrimiento, esta enfermedad, esta muerte, esta violación? La respuesta la tenemos ante nosotros: por el pecado, nuestro o de los demás. Pero, Dios tiene un para qué: si eres justo, para salvarte. Si eres pecador, para que te arrepientas y te conviertas. Quizás este sea el momento para que entendamos que el sufrimiento ocasionado por el coronavirus es una oportunidad de salvación.

Contemplemos en esta semana a Cristo muerto por nuestros pecados. Al justo que no tenía que morir, al que no debía pagar, al que asumió nuestra paga y se volvió nuestro redentor. Es momento de tomar una decisión y de responder con más determinación al Señor, con actitud de conversión, con actitud de cambio. ¿Qué vamos a aprender de esta crisis? Está literalmente en nuestras manos.

Isaías 50, 4-7

Filipenses 2, 6-11

Mateo 26, 14 – 27, 66

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1 Comentario

  1. Si. Que vamos a aprender?. A valorar más la importancia de la unidad familiar y la oración familiar que hemos perdido. Y si estamos solos a encontrarnos en el silencio con nuestro buen padre Dios.

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