Dilexit te: El amor a los pobres y las ideologías

Juan Carlos Rivera Zelaya

10 de octubre de 2025

«El amor a los pobres no es una simple obra de caridad, sino la forma más directa de encontrar a Cristo» . Esta es la gran enseñanza de la primera exhortación apostólica, Dilexit te, del Papa León XIV. El documento resuena con una profunda herencia teológica y espiritual, y como bien se indica, recoge la gran tradición de la Iglesia Católica que privilegia el encuentro con el pobre para que se realice el encuentro con Cristo.

El texto explica que la actuación de la Iglesia procede de una actuación que Dios mismo ha privilegiado. La exhortación realiza un recorrido profundo por toda la Escritura y la Historia de la Iglesia, demostrando que el amor a los pobres es esencial en la experiencia de fe. E l texto comienza con una potente imagen del Apocalipsis: «»Te he amado» (Ap 3,9), dice el Señor a una comunidad cristiana que, a diferencia de otras, no tenía ninguna relevancia ni recursos y estaba expuesta a la violencia y al desprecio». Se conecta de inmediato con el Magníficat de la Virgen María, que proclama que Dios «Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías».

Este camino de la Revelación inicia en el Antiguo Testamento, donde Dios se revela como protector de los débiles. Se nos recuerda la voz de Dios a Moisés ante la zarza ardiente: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo […]. Ahora ve, yo te envío» (Ex 3,7-8.10). La exhortación subraya que «escuchando el grito del pobre, estamos llamados a identificarnos con el corazón de Dios». 

Pero es en Jesucristo donde esta predilección divina alcanza su plenitud. San Pablo sintetiza magistralmente la teología de la pobreza de Cristo: «Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2Co 8,9). El texto nos invita a contemplar la vida de Jesús, que «nació en condiciones humildes» , vivió sin un lugar donde «reclinar la cabeza» (Mt 8,20; Lc 9,58), y se presentó en la sinagoga de Nazaret afirmando: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres» (Lc 4,18).

La Iglesia para los pobres

Esta tradición teológico-espiritual ha estado presente en toda la historia de la Iglesia, tal como lo refleja el documento en los diversos numerales. Es muy interesante este punto, porque se demuestra que el amor a los pobres no es un asunto que haya sido puesto en la palestra teológica o pastoral hasta después del Concilio Vaticano II. No, la Iglesia efectivamente ha sido una Iglesia para los pobres. No es un tema nuevo en su experiencia. Este asunto lo celebro y me parece muy adecuado, sobre todo, teniendo en cuenta que como dice el texto, hay personas que reducen el amor a los pobres a una cuestión ideológicaEl amor a los pobres es parte de la experiencia cristiana.

El documento lo subraya con ejemplos a lo largo de los siglos, como San Esteban y San Lorenzo, diáconos que unieron el servicio a los necesitados con el martirio. En el caso de San Lorenzo, el documento cita a San Ambrosio para recordar que «los tesoros de la Iglesia» no son joyas ni metales preciosos, sino los pobres. La fe, sin obras, es «completamente muerta» (St 2,14-17). Y la presentación continúa con ejemplos como los de san Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Juan Bautista de la Salle, Santa Teresa de Calcuta y tantos otros.

La Opción preferencial por los Pobres

El papa León asegura que el texto fue heredado del papa Francisco. Él estaba trabajando en el texto y, en él, ciertamente, se puede encontrar mucho de su lenguaje. El texto está lleno de confesiones y expresiones que son propios del papa. Incluso en algún momento se hace imposible determinar qué es lo original del papa León. Gran parte de este texto es la última aportación del papa Francisco al magisterio universal. El papa Francisco se caracterizó efectivamente por su amor a los pobres, no solo con sus palabras sino también con sus obras.

Un aspecto que vale la pena resaltar es la mención a la enseñanza de los obispos de Latinoamérica y las conferencias del Episcopado de Medellín, Puebla y Aparecida. Las experiencias de esas conferencias fueron fundamentales en la propuesta teológico-pastoral de la opción preferencial por los pobres. Aunque ya se ha dicho que el amor por los pobres se ha resaltado de muchas maneras a lo largo de la historia de la Iglesia, sabemos que en el plano de la reflexión teológico-pastoral esta opción apareció después del Vaticano II en Latinoamérica.

Y aunque aparece que ya con Juan Pablo II y Benedicto XVI, esta opción fue explicitada en el magisterio universal, era necesario que dos papas latinoamericanos, providencialmente, trataran este tema con la profundidad que se merece dentro del magisterio universal, exhortando a la Iglesia a que la enseñanza cristológica del amor a los pobres debe ser incorporada en la pastoral de la Iglesia. Una exhortación a cuatro manos que nos recuerda el rico tesoro misionero y espiritual de la Iglesia en Latinoamérica que es ofrecido al mundo.

Un desafío teológico-pastoral

Pero además, esta exhortación realiza algo sumamente particular. Y es que, sin decirlo, corrige el mal camino que algunos cristianos (siguiendo algunas ideologías) pudieron tomar con el tema de los pobres: unos desinteresándose de ellos, otros involucrándose en proyectos de índole atea que desvirtuaban el amor a los pobres. El documento subraya la importancia de corregir las estructuras de injusticia y la denuncia de una «dictadura de una economía que mata» .

Sobre esto último, me llama la atención el numeral 100 del documento que, citando a Aparecida, dice que los pobres no son solo «sujetos capaces de crear su propia cultura, más que como objetos de beneficencia». Detrás de esto está la teología del pueblo que efectivamente influyó en Francisco y en estas conferencias, indicando que el amor a los pobres de la Iglesia no es más que un asistencialismo. Es una identificación afectiva. Por ello, aprendemos de ellos. Dilexit te nos recuerda, citando a Aperecida, que «Solo la cercanía que nos hace amigos nos permite apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe».

El documento es un recordatorio de que en el amor a los pobres no hay lugar para ideologías, sino para una profunda experiencia de fe y encuentro con Cristo. Es un llamado a toda la Iglesia para que vuelva a su esencia, reconociendo en el servicio a los más pequeños el camino más seguro hacia la santidad.

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